Como cuando un hada muere porque un niño deja de creer en ella, la magia fue desapareciendo en esa casa con el paso de los años. Ya no había ninguna ilusión ni motivo de júbilo entre las cuatro paredes frías de la vivienda. No había chimenea que calentara los corazones en esos primeros días de invierno en los que las familias se reunían alrededor de la mesa y compartían sus mejores deseos y alegrías. No quedaban luces que encendieran esa chispa de emoción que antaño la sonrisa de los niños mantenía prendida.
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sábado, 24 de diciembre de 2016
martes, 20 de enero de 2015
Another January 20th
Era una fría mañana de invierno, diecisiete años atrás en el mismo día en el que estamos hoy. El sol apenas se había levantado tras las montañas, apenas brillaba el mar bajo su luz, pero un barco ya se aproximaba al puerto, un barco que, sin saberlo, cargaba la vida futura de muchas personas. Ese 20 de enero de 1998 fue el comienzo de todo lo que ahora es y el final del pequeño lapso de tiempo que hubo antes de ese día. Recuerdos fugaces quedan de esa mañana, sólo algunas prisas, el sol despuntando y el gélido viento golpeando fuertemente mientras bajábamos las escaleras que nos llevaban a una nueva vida. Esos momentos fueron el primer paso de todo lo que ahora mismo existe ante nosotros, de todo lo que ahora mismo no existiría si no nos hubiésemos embarcado en aquella aventura que parecía una locura; una locura de la que no era consciente en aquel momento. No hubiera pensado jamás todo lo que se ha ido construyendo alrededor de esa fecha, en este pequeño trozo de tierra al que puedo llamar hogar y que en un primer momento era extraño y sorprendente. En aquellos momentos nadie hubiera pensado que esa aventura se prolongaría durante tanto tiempo que se convertiría en toda una vida, nadie se hubiera imaginado todo lo que iba a venir, todo lo que hace que seamos ahora quien somos, todo en lo que íbamos a convertirnos a pesar de todo lo que estábamos dejando atrás. A veces echo en falta esas cosas que se quedaron al otro lado del mar, a veces me gustaría poder tenerlas más cerca, pero aquí tengo todo lo que necesito, todo lo que ese día del cual es hoy aniversario me ha dado y no puedo más que recordarlo con una sonrisa. Otro 20 de enero se suma a la lista.martes, 4 de diciembre de 2012
It's time
It's time for cold, for family, and home. Time to wear scarves, wool hats and gloves. Time of darkness, and clouds and rain, time to see the moon and the stars lightning the sky, time to see that there's a better world after the storm. Time to think that everything can happen and nobody's exempt from anything. That this could be you. Time to hope that a new streak will be better, that all the broken hearts will be fixed, that you will love again, that the wind will blow and problems will travel away with it. This is not time to run away, its time to face the truth and start to believe, and fly, and let your dreams come true.
Say to me if I make some mistakes. Thanks! :)
sábado, 3 de diciembre de 2011
December
El frío se cuela por los poros de la piel, las narices se esconden tras las bufandas o lucen rojizas bajo las luces de Navidad, en cualquier sitio que mires, hay botas, gruesos abrigos, gorros de lana de todas las formas y colores, y el frío adentrándose entre los tejidos. Bocas humeantes que expelen vaho, las manos en los bolsillos, o recubiertas por guantes o manoplas. Los árboles desnudos bajo la atenta mirada de la luna, algunas hojas volando sobre frías ráfagas de viento que vaticinan heladas al amanecer y otras rodando por el suelo, cansadas después de un largo año agarradas a las ramas de los árboles en las alturas. Las grises nubes recubriendo el cielo. Olor a castañas asadas, a churros recién hechos y a chocolate caliente. Las aceras húmedas reflejan la luz de los semáforos y las farolas alumbran con su luz amarillenta titilando, como si el frío las hiciera tiritar. Las calles engalanadas con rojas flores de pascua y luces colgando de las ventanas y enroscadas en las copas y los troncos de los árboles. Gente comprando ilusiones y niños ilusionados señalando escaparates llenos de color que harían volar la imaginación de cualquiera. Se oyen cascabeles con ritmo irregular, y alegres villancicos que anuncian las fiestas venideras. Gente cargando bolsas llenas de paquetes envueltos en coloridos papeles de regalo, con enormes lazos hechos con sumo cuidado, o correteando apresurada para ultimar los últimos detalles de la cena de Nochebuena, o la comida de Navidad. El invierno ya está cerca, y vuelve a ser lo de todos los años.
sábado, 20 de agosto de 2011
Magical night
Nadie sabía a ciencia cierta dónde se encontraba su residencia ni cómo subsistía, ya que, rara vez se le veía en la calle. Muchos creían ver un halo oscuro a su alrededor cuando se cruzaban con ella; siempre ataviada con oscuros y amplios ropajes y meneando con gracia su larga cabellera castaña con extraños reflejos del color de la plata moviéndose al compás de su paso. Tenía la facultad de aparecer y desaparecer cuando se le antojaba, muchos la habían visto hacerlo, pero eso no la hacía evadirse de su amargura. Nunca hablaba con nadie, y nadie se dignaba a mirarla, por miedo a ser víctimas de un conjuro. Los sabios del pueblo y todo aquél que conocía la magia, decían que estaba hechizada, y los jóvenes que se quedaban prendados de su maravillosa belleza indagaban en libros para encontrar la manera de liberarla de su sufrimiento y así conseguir su amor.
Una tormentosa noche de invierno en que las calles estaban cubiertas por una gruesa alfombra de blanca nieve, un joven errante que pasaba por la aldea, encontró a la joven derrumbada en el suelo con la piel amoratada por el frío. Sin dudar ni un instante, se abalanzó sobre ella, quitándose la capa y tapándola a la vez que la levantaba del suelo. Pasaron largos minutos hasta que ella abrió sus ojos dorados, que se clavaron en el joven como dagas ardientes. Lo único que su instinto le llevó a hacer fue acercar sus labios a los de la misteriosa chica. Sintió como una poderosa fuerza los rodeaba mientras la besaba. La ventisca había parado, sólo se oían sus respiraciones. El hechizo se había roto...
Una tormentosa noche de invierno en que las calles estaban cubiertas por una gruesa alfombra de blanca nieve, un joven errante que pasaba por la aldea, encontró a la joven derrumbada en el suelo con la piel amoratada por el frío. Sin dudar ni un instante, se abalanzó sobre ella, quitándose la capa y tapándola a la vez que la levantaba del suelo. Pasaron largos minutos hasta que ella abrió sus ojos dorados, que se clavaron en el joven como dagas ardientes. Lo único que su instinto le llevó a hacer fue acercar sus labios a los de la misteriosa chica. Sintió como una poderosa fuerza los rodeaba mientras la besaba. La ventisca había parado, sólo se oían sus respiraciones. El hechizo se había roto...
jueves, 7 de julio de 2011
Huida
Caminaba por la ciudad una temprana y fría mañana de invierno. Era sábado y las calles estaban casi vacías, solo había algunos tenderos preparándose para el mercado y algún que otro gato que se cruzaba en su camino. Era lo normal, después de una larga semana de trabajo, lo que la gente solía hacer era dormir hasta tarde el fin de semana. Debían ser las siete, como mucho las siete y media. Daba largos pasos, y se apresuraba a girar en cada esquina. Vestía un largo abrigo rojo afelpado que dejaba ver el cuello de un grueso jersey de lana blanca y el borde inferior de una falda negra así como de sus botas. Su respiración era agitada y de su boca salía el típico vaho invernal. Miraba al frente, con la vista fija en el horizonte, con decisión, aunque sin saber a dónde se dirigía. Había salido de casa corriendo, sin saber por qué ni a dónde ir, unos gritos, golpes sobre objetos y llantos, era lo único que recordaba.
Sus pasos la habían conducido a una parte de la ciudad que ya no conocía. Entró al primer parque que encontró, quería estar sola, pensar, silencio... Más que un parque, se le antojó un pequeño bosque, con árboles por todas partes y las hojas desperdigadas por el suelo asesinadas por el frío. Aún no habían encendido las farolas y apenas veía nada. A tal velocidad, cuando se quiso dar cuenta, se había dado de bruces con alguien. La sorpresa fue igual para ambos. Sus lágrimas rodaron por sus mejillas, como si al haberse chocado toda la rabia que llevaba contenida hubiera aflorado de repente. Unos brazos reconfortantes la rodearon, mientras las farolas se encendían poco a poco...
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