jueves, 23 de abril de 2020

Circo

© Joel Cervantes Ramirez

La música se disipa, ya solo resuena en el aire el eco de los últimos tambores y trompetas. Los aplausos se apagan y las luces se desvanecen conforme las pisadas se alejan llevándose almas recargadas de esperanza. Son las señales de que, un día más, todo ha terminado, de que nuestros invitados se han marchado dejando un vacío imposible de llenar. 

Conforme el silencio se apodera del espacio que noche tras noche nos proporciona el lienzo sobre el que dibujamos sueños para muchísima gente, cae sobre nosotros el peso de años y generaciones del trabajo más difícil del mundo: hacer reír a las personas. Una responsabilidad que nos asalta desde la cuna y que aceptamos con orgullo, anunciándola en carteles luminosos buscando conquistar corazones a lo largo y ancho del mundo.