Hay que asumir que la gente viene y va, que en este mundo de locos no puedes estancarte siempre en un mismo lugar, que debes avanzar y aprovechar tus oportunidades. Hay que saber acoger a los que vienen y aprender a comprenderlos pero siempre a sabiendas de que el mundo no deja de girar, y que algún día deberás decir adiós.
Es posible que pasado el tiempo, lo único que te quede de muchos de esos individuos que cierto día conociste, sea su nombre apuntado en algún papel, y solo de los que te marcaron, guardes además su imagen en tu memoria. Luego están los amigos, los de verdad, los que compartieron su tiempo y depositaron en ti su confianza; de ellos te quedará todo, y no necesitarás nada para mantenerlos en tus recuerdos, los tendrás siempre contigo, y podrás contar siempre con ellos a pesar de las distancias, no desaparecerá el cariño, y los extrañarás siempre.
Pronto será momento de despedirse, de besos, abrazos, de que caigan unas lágrimas, pero siempre teniendo el consuelo de que en algún giro inesperado de la vida, volveremos a vernos y compartiremos todos juntos esos recuerdos y nos reiremos de la vida, y de este mundo y sus caprichos.


