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sábado, 6 de abril de 2013

Red umbrella

El aire se colaba  por debajo de las puertas, sonando cuando las rendijas eran demasiado pequeñas. La oscuridad entraba por las ventanas, pues las nubes no dejaban ver el sol, y la lluvia azotaba los cristales con violencia, como queriendo desgarrarlos con cada gota. Más allá de las paredes de las casas, la ciudad estaba empapada, y sus habitantes se resguardaban como podían debajo de sus paraguas. Muchos corrían para resguardarse, otros tantos evadían las gotas de agua sentándose en un bar a tomar un café caliente, pero todos intentaban pisar las aceras el menor tiempo posible.
La avenida se quedó vacía, solo una joven pareja permaneció en ella, ajenos a la tromba que caía sobre su pequeño paraguas rojo. Parecía una despedida, pues en sus caras se veía que ya se estaban echando de menos, y sus labios se negaban a separarse, conscientes de que el tiempo que pasarían separados les parecería una eternidad.

martes, 6 de noviembre de 2012

To be free

Unas nubes grises, como un algodón lleno de polvo, acechaban en el cielo amenazando tormenta, amenazando con calarnos hasta los huesos si no encontrábamos un lugar mejor que esa amplia pradera para refugiarnos de su inminente descarga.
Nos mirábamos a través de la cortina de agua que se interponía entre ambos, sabiendo que si alargábamos la mano, podríamos asir la del otro. Nuestro sino era la mutua compañía, el abandono de la soledad mientras los dos estuviéramos con vida. Nada ni nadie podría jamás apartar nuestra mirada del otro, porque habíamos nacido para que nuestras vidas se cruzaran, para que nuestras voces sonaran al mismo son, mientras veíamos la lluvia caer sin descanso. Empapados, corríamos intentando huir del agua que ya llevábamos impregnada, para aclarar las ideas malignas de esta sociedad sucia y despiadada que llevábamos tatuadas en el cerebro, y poder ser libres, lejos de todo, y de todos.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Brainstorm


¡Menuda tormenta se ha montado en mi cabeza! Las ideas fluyen chocando unas contra otras aceleradas y mis dedos no dan abasto para transcribirlas a un papel, o al menos con un orden lógico. Siempre se espabilan las ideas y empiezan a corretear zarandeando a los sentimientos y despertando como con un cubo de agua fría a la inspiración cuando la lluvia cae tras los cristales de mi ventana, cuando las gotas chocan contra el suelo, salpicando a su alrededor, sin importarles que tu formes parte de ese entorno, y puedan mojarte, cuando el cielo se cierra en banda impidiéndote ver la luz del sol, y cuando apenas se ven las montañas envueltas en una densa capa de niebla.
Pero conforme voy escribiendo siento los dedos golpear las teclas al son de la la lluvia, en compases de cuatro por cuatro, las palabras empiezan a cobrar sentido, y se reorganizan solas, como si llevaran su propio código genético que les permitiera estar en el lugar indicado y en el momento indicado, en la cantidad precisa, sin excesos ni escasez.
Todo sigue un suave ritmo, hasta que la tormenta cesa dentro y fuera de mi cabeza, y cuando el suelo está seco, puedo volver a pensar con claridad, a la espera de una nueva tempestad.

martes, 15 de marzo de 2011

After the storm

Ayer llovía. Era de esa lluvia que parece que no moja pero que te empapa en un momento. Por momentos salió el sol, asomándose tímidamente entre las nubes, pero el azul del cielo volvió a esconderse tras ellas, dejándonos en la oscuridad de la noche...
Hoy parecía que no iba a volver la lluvia, que el sol volvería a brillar, pero en lugar de eso, ha regresado con más fuerza, acompañada de rayos y truenos de una intensidad alarmante, como si fuera el fin del mundo. Pero como todos sabemos: tras la tormenta, llega la calma.

La calma ha llegado, la lluvia casi ha remitido, ya apenas queda indicio alguno de su presencia y, por supuesto, no queda nada de la tormenta. Todo ha vuelto a la normalidad, o al menos ha intentado volver. Hay que mantener la esperanza y tener confianza, aunque fuera aún caigan gotas sobre la acera.