Y una vez que hubo enterrado todos sus miedos y dejado la vergüenza abandonada en un rincón, se decidió a dar un paso adelante, a adentrarse entre la multitud al tiempo que veía pasar su vida ante sus ojos. Decidió empezar a hacer oídos sordos a lo que los demás opinaran, a hacerse independiente de los demás sin dejar que sus acciones le afectaran. Aprendió quiénes ciertamente le importaban, quiénes realmente confiaban en ella y en quiénes podía confiar ciegamente, aprendió a sobrevivir dentro de esta jungla llamada planeta Tierra entre tropiezos y desilusiones que la hacían más fuerte día a día, aprendió a pasar desapercibida, a destacar por sus propios méritos, por todas las cosas maravillosas de las que era capaz y de las que no se había dado cuenta. Se convirtió en una más entre un millón, una más con brillo propio...
miércoles, 21 de septiembre de 2011
One in a million
jueves, 1 de septiembre de 2011
Slipping through your fingers
Y el tiempo se le iba de las manos, se le escurría entre los dedos como el agua. Parecía que había sido ayer, como mucho dos días atrás, el día en que había recobrado su libertad, pero como siempre las agujas del reloj parecen avanzar dos o tres veces más deprisa cuando disfrutas, cuando eres feliz, cuando estás agusto, cuando todo lo que te rodea es armonía. Un año de felicidad se pasa volando, apenas puedes darte cuenta, mientras que un mal año, puede hacérsete eterno. Estaba en uno de esos momentos de angustia en que no sabes si prefieres detenerlo o dejarlo correr, pero hay que pensarlo rápido porque mientras, el tiempo sigue goteando entre las yemas de tus dedos y por mucho que pongas un cubo debajo, ya no va a volver y lo habrás perdido para siempre...
domingo, 28 de agosto de 2011
The universe
Sus ojos. Del azul del cielo y poblados de destellos color de miel que hacían las veces de estrellas. Esos ojos que la hipnotizaban, y que cada vez que se cruzaban con los suyos, la embarcaban en un viaje que se le antojaba, como poco, intergaláctico. Mas no solo eran sus ojos lo que la dejaban sin palabras, también estaba su boca que, como un agujero negro, absorbía su oxígeno, dejándola sin respiración cada vez que la abría, ya fuera para hablar o simplemente para llenarla de aire. Se maravillaba también cada vez que su corta melena rojiza ondeaba al viento, como lenguas de fuego alrededor de su cabeza.
Él era el sol y ella la luna. Él grande, brillante, cálido espléndido; ella tímida, apagada, y cada vez más fría y triste. Pero el destino los había hecho así, totalmente incompatibles, había decidido que se vivieran su romance desde la distancia, separados por lo que parecían años luz, y viendo abrirse entre ellos un abismo cada vez más grande, al ritmo que se expande el universo...
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